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viernes, 22 de abril de 2011

XXXIV MARATÓN DE MADRID (17-04-2011)


PREVIA

El viernes por la mañana tomamos el AVE a las 09.29 y llegamos a Madrid a las 11.15. La mañana la dedicamos a ir a la Feria del Corredor y luego nos vamos al barrio de la Latina, donde nos han recomendado comer. Hacemos un poco de turismo por la plaza Mayor, Preciados y Gran Vía y a las 18.00 estamos en el piso reventados. Preferimos descansar lo que resta del día. Además en EUROSPORT hay un concurso de cortadores de troncos y nos quedamos flipados con los neozelandeses.



El sábado por la mañana lo dedicamos de nuevo a algo más de turismo y comemos cerca de la calle Alcalá en un restaurante gallego que nos han indicado. Por la tarde y cerca del piso quedamos con Fran, al que no vemos hace un par de años. Para algo sirve al menos el facebook.



A las 21.00 buscamos un bazar chino porque no tenemos suficientes imperdibles. Nos vamos rápido que el derbi está a punto de comenzar.



CARRERA



Son las 06.45 de la mañana del domingo y nos ponemos en pie. La noche ha sido corta. Teniendo en cuenta el derbi y la posterior rueda de prensa de Mou, al final nos dieron más de las 01.00 de la mañana escuchando la radio y viendo la tele.



Nos tomamos un sándwich de pavo, un zumo y un plátano. Hechos los preparativos la noche de antes, nos vestimos y aún así salimos del piso no con mucho margen. En la calle hace fresquillo, pero ideal para afrontar la carrera. La prensa del día siguiente indicaba que había sobre unos 12 grados al inicio de la carrera.



Nos dirigimos a la salida. Vamos andando. Sobre las 08.35 conseguimos dejar en el guardarropa la bolsa y nos vamos acercando lo más que podemos a la línea de salida. Hay bastante gente ya, pero echándole un pelín de cara vamos avanzando hasta un punto en que la gente está tan agolpada que es imposible abrir hueco. Estamos más retrasados que el año pasado, entre las marcas de 3h30’ y 4h00’, marcas que no sirven de nada pues la gente se apelotona al principio aunque vaya a echar 5 ó 6 horas.

Suena el disparo y tardamos dos minutos y medio en comenzar a andar y pasar por el arco de salida (el año pasado creo que estuvimos en torno al minuto y medio). Los primeros instantes de la prueba son un poco agobiantes porque se genera un gran tapón y hasta el km 4 no empezamos a rodar en ritmo objetivo y aún así con dificultades. Tenemos, pues, un par de minutillos perdidos aparte de los acumulados en la salida. Circulamos básicamente en zigzag para ir avanzando posiciones. No me gusta nada esto de hacer más metros de la cuenta, siempre intento ir por la trazada más corta, pero en estos momentos es imposible si queremos ir progresando.



Aún con todo esto, la salida es espectacular. Transcurren los primeros kilómetros Castellana arriba y poco después de pasar por el Bernabeu, los participantes de la carrera de 10 km se separan de los que intentaremos acabar la maratón. Momento emotivo de despedida en el que nos aplaudimos mutuamente.



Seguimos avanzando hasta llegar al primer punto de avituallamiento que si no recuerdo mal está poco antes de las Torres Kío. Todavía estamos un poco fríos, no pudimos calentar, aunque comenzamos a estar en ritmo de carrera y recuperando muy poquito a poco lo perdido en el barullo inicial.



Llegados al punto más septentrional de la carrera comenzamos cambiar la dirección en el sentido noreste-suroeste. El segundo punto de avituallamiento en el km 10 nos sirve para tomar por primera vez bebida isotónica y comprobar que será buena estrategia de carrera beberla andando (mientras que nos la suministren en vasos), ya que si no la desperdiciaremos en su mayoría (como así ocurrió en este primer punto de avituallamiento) y a la larga nos podrá pasar factura. Supone una pequeña pérdida de tiempo, pero asumible.



Pasamos de un terreno de ligera subida en los 10 primeros kilómetros a otro donde la subida y bajada con algo más de desnivel están a la orden del día. Transitamos entre otros por Paseo de la Habana, Príncipe Vergara y Avda. Velásquez, donde todos los años nos encontramos a dos picoletos en la puerta de una instalación animando.



No obstante, estos diez kilómetros siguientes desde mi punto de vista constituyen la parte más bonita de la prueba junto con los finales. Pasamos por un Corte Inglés que nunca soy capaz de determinar la vía en la que se encuentra (¿podría ser Cuatro Caminos o Avda. Filipinas?) que está en un pronunciada pendiente atestada de público para desembocar en una glorieta donde un grupo de música integrado por varios chavales nos reactivan en cierto modo. Más adelante y como todos los años pasamos por una calle donde un vecino tiene puesta a toda pastilla la banda sonora de Carros de Fuego y, adicionalmente, este año una chica a modo de avituallamiento improvisado ofrece a todos los participantes pestiños en una bandeja. No está la cosa para degustarlos, pero fue un bonito detalle.



De ahí, antes de salir a Gran Vía ascendemos por una ligera subida y estrecha calle (creo que es Fuencarral) donde hay gran cantidad de público de nuevo. En Gran vía, da la sensación de que hay algo menos de animación que en otro años, aún así es fascinante ese tramo y es más, al girar creo para Callao y luego Preciados, una marabunta impresionante (supongo que se habría desplazado a esa zona donde había más sombra que en Gran Vía) nos espera. Es imperdonable no agradecerles los ánimos y devolverles los mismos aplausos que nos trasmiten.



En lo que respecta a la carrera, vamos manteniendo los ritmos objetivos, alcanzando a la liebre de 3h30’ en torno al km 15-16 (el año anterior la cogimos por el km 4-5). Aún así, las sensaciones son mejores que las del año pasado aún sin estar todo lo cómodo que deberíamos a estas alturas de carrera.



Nos dirigimos al Palacio Real y este año en lugar de pasar por el lateral que es llanito nos hacen bajar y lo peor, subir el cuestón, del túnel de la calle Bailén. Afrontamos la calle Ferraz donde se encuentra la media maratón recuperando la subida anterior. Teníamos pensado tomar un gel en el kilómetro 25 y otro en el 35, pero visto que vamos un poco justos y aprovechando el avituallamiento del km. 20 me tomo el primero. Me tiene que ayudar Pablo a abrirlo porque con la ortodoncia no puedo pegar mordiscos. Pablo rehusa a tomar el suyo y me comenta que tiene problemas estomacales.



Pasamos por la media en un 1h41’, dos minutos más lentos que el año pasado, aunque las sensaciones son mejores ya que vamos en progresión y además teniendo en cuenta el desastre en que se convirtió la segunda parte de la Maratón en 2010.



Pablo sigue con problemas y va haciendo la goma. De vez en cuando nos vamos hablando y en una de estas (a la altura de la bajada hacia el Parque de Oriente) me dice que siga ya sin él, que va incómodo también a nivel de piernas. Vamos a intentarlo en solitario.



Un par de kilómetros después afrontamos el acceso a la Casa de Campo, el cuál se encuentra plagado de gente (tanto en la entrada como en la salida se agolpa todo el público que no se encuentra luego dentro). Otro subidón (de moral). La organización genial, cuida detalles hasta el punto de ofrecer bidones con bebida isotónica lo suficientemente llenos para tomar la cantidad justa y para que no se conviertan en un lastre por pesar demasiado. ¡Hay que quitarse el sombrero señores! A esto, los voluntarios en patines siguen repartiendo vaselina, echando reflex a quien lo solicita, …




Dentro de la Casa de Campo tenemos que hacer unos 8 kilómetros, que suelen ser los más solitarios de la prueba. No obstante, este año simplemente con la presencia de participantes se hace más ameno. También mi estado de forma contribuye a ello porque sin ir demasiado rápido voy adelantando constantemente a participantes en la prueba y pegadito siempre a un extremo de la carretera. El agotamiento comienza a notarse y, a nivel muscular, sin ir demasiado mal los gemelos avisan de vez en cuando y durante unos instantes el bíceps femoral de la pierna izquierda se tensa en demasía. Finalmente no llega a mayores.



Desde el kilómetro 30 al 34 aproximadamente estoy a altura de un grupillo dentro del cuál un padre lleva a su hijo en el carrito. La gente le anima sin cesar. Incuestionable el esfuerzo añadido. Algunos guasones le comentan que el niño va el primero en su categoría.



Siguiendo con mi estrategia de los geles, debería guardar el que me queda para el kilómetro 35, pero teniendo en cuenta que adelanté del 25 al 20 la primera toma y que iba bastante agotado ya, en el kilómetro 29 me tomó el segundo, no sin dedicarle un momento de análisis para determinar como abrirlo ya que mordiendo no me era posible y Pablo ya no está para ayudar. Después de probar varias veces a través del abrefácil (que no sé porque lo llaman así), consigo abrirlo de un tirón por otro lado que me permite tomarlo incluso con mayor facilidad.



Una vez pasado el Calderón busco con anhelo el avituallamiento del km 35, que parece que nunca llega. Ya voy bastante cascado a nivel muscular. No me pierdo ninguna ducha de agua vaporizada que hay a lo largo del trayecto y los gemelos ya dicen basta. Continuamente estoy corrigiendo la pisada para evitar que se me suban. No puedo correr apoyando la parte delantera del pie. Tengo que ir pisando con el talón continuamente. Esto hace que el ritmo se decremente un poco. A nivel de motor creo que podía ir un pelín más rápido, pero desde el punto de vista muscular no me era posible. En alguna que otra ocasión, simplemente por la costumbre, me olvido y los gemelos me vuelven a avisar.



Ante esta situación, sigo con mentalidad positiva (la que se puede). Simplemente recuerdo que el año pasado a estas alturas había andado ya algunas veces, los gemelos se me subían cada dos por tres y el ritmo de carrera era mucho peor.



Afronto las cuestas continuas del km 36 al 39 (creo que son Paseo Imperial y Paseo de los Melancólicos entro otros). Estoy reventado. ¡Que se acabe esto ya!. Todavía me quedan 3 kilómetros y pico. Voy echando humo. No hago nada más que echarme agua por encima. Estoy empapado. Aún así, sin cejar en el empeño con más o menos energía sigo braceando y tirando del cuerpo como puedo.



Por fin llegamos a Atocha, donde hay una gran expectación pues nos queda afrontar la, a estas alturas, temible subida al Retiro de 1’5 km aproximadamente. Crispado a más no poder, echo el resto ( y el cociente, el dividendo y el divisor). Los otros compañeros de carrera tampoco van para muchas florituras. El final es precioso para verlo, pero no para correrlo. ¡Ya lo podían poner cuesta abajo!. Después de 40 kilómetros duros, te ponen los dos peores al final. Al doblar por la Puerta de Alcalá la expectación es tal que la anchura de la calzada se queda limitada a dos cuerpos. La gente animando a tope. Esto lo acabamos como sea. Nos llevan en volandas aunque no podemos con nuestro cuerpo.



Poco antes de entrar al Retiro, veo una imagen impactante. A un corredor lo llevan entre una señorita y un voluntario cogido. Le quedan 600 pero no puede dar un paso. Quiere terminar también. Por detrás de ellos va un médico gritando para que lo paren.



Llego a la recta de meta e intento acelerar el ritmo, pero no puedo. Los gemelos no me dejan. Sigo talonando hasta el final. Por fin cruzo la línea de metra. 3h22’54’’ de tiempo oficial. El tiempo neto desde la salida 3h20’31””. Catorce minutos menos que el año pasado. Era la marca objetivo. Nunca deja de sorprenderte el cuerpo y el control que puedes llegar a tener del mismo. Era la marca que consideraba que estaba al alcance (en otra maratón mas llana como Sevilla o Valencia seguramente el tiempo estaría en torno a 3h10 o por debajo, pero Madrid es la leche. No lo cambio por otro aunque sea mucho más dura).





POST-CARRERA



Al llegar a la meta me paro un rato junto a lugar establecido para entregar las medallas para esperar a Pablo. Llego exhausto y me agarro a un contenedor. Se me cae la medalla y un chaval la recoge y me la devuelve. Estoy varios minutos bastante mal. Pienso que me recuperaré pronto. Me tomo el Powerade que me dieron pero no me sienta nada bien. Tras un cuarto de hora sigo agarrado al contenedor, no me puedo mover y me tiembla todo el cuerpo. Tengo un gran calor y me estoy empezando a preocupar. Normalmente pasas tres o cuatro minutos malos y luego te recuperas, pero hoy no. Pablo llega poco después (3h42’ y 3h40’ en neto) y me deja su manta, pues me he vaciado una botella de agua y ahora siento frío. Me tiro un rato tiritando. Junto a mi pasan unos enfermeros con un chaval en un camilla. Veremos a ver si no soy el próximo.



Nos vamos alejando de la meta y voy apoyado en Pablo. No me apetece nada de lo que ofrecen, ni zumos, ni cerveza, ni fruta, ni batidos,…Dentro de la congestión que tengo, lo único que me apetece es quitarme del bullicio y sentarme un poco.

Finalmente, me voy sintiendo mejor y el susto se me va pasando. No me había ocurrido esto nunca. Durante el transcurso de esos momentos, el pensamiento de todos los años: “ya no vengo más,…”. A la hora de acabar la carrera, pensando en bajar de 3h20 el año siguiente.





Antes de finalizar querría agradecer a varias personas que han contribuido a hacer más fácil tanto la carrera como la preparación de la misma. Igual suena un poco cursi, pero creo que es de recibir explicitarlo. A mi madre, porque aguanta todos los días que llegue de entrenar a las tantas y cene a deshoras, ropa sucia por aquí y allá,…. A Vil y Lola, ponen a disposición nuestra su casa sin apenas conocernos. A Fran Chamut, nos hemos visto dos veces únicamente y en la primera nos ofreció su casa y en la segunda (que fue este fin de semana) hizo un hueco en su agenda para que nos viésemos el sábado por la tarde. Y como no, a Pablo. Sin tener la preparación y motivación que él desease para afrontar el maratón, se pega el palizón de los 42 kilómetros y pico (y la mitad sólo en carrera) por tal de acompañarme. Y no sólo de un Maratón sino de éste que como sabemos es de tal dureza que las marcas suelen estar en torno a 10-12 minutos comparado con los que tienen un perfil más llano.



Gracias a todos y a los que dedicáis vuestro tiempo a leer mis historias. En esta, son tantas las sensaciones que tienes a lo largo de la prueba que es imposible manifestarlas todas.



Saludos



Tony





P.D. : No nos pudimos poner en contacto con los compis que fueron desde Guadix (no apuntamos los teléfonos). ¿Qué fue de vosotros?

viernes, 15 de abril de 2011

ULTIMO TROTANOCHES EN LA MARATÓN DE PARIS-10-4-2011

ULTIMO TROTANOCHES EN PARIS

Domingo 10 de abril del 2011, mientras un grupo de trotanoches colabora en “La + que Feria Solidaria, Solidaridad Honduras” en Guadix, uno solitario se enfrenta a la mítica distancia en la ciudad de la luz.

Todo comenzó hace meses cuando decidí correr uno de los maratones multitudinarios en una de las grandes ciudades. A Boston, Chicago o Nueva York has de dedicarle más días ya que cruzas el atlántico y por tanto más dinero. Londres es una odisea apuntarse (a no ser que entres por el aro de las agencias especializadas), Berlín una fecha muy mala (septiembre). Para París se pusieron a la venta las 40.000 plazas disponibles en noviembre y en tres semanas se habían terminado (último tramo inscripción 90 euros). La suerte estaba echada.

Al aeropuerto CDG llegamos Celia y un servidor sobre las 13 horas, recogida de equipaje, cercanías RER B hasta centro de la ciudad y al hotel Fertoil Etoile a 300 metros del Arco del Triunfo (por tanto a 500 metros de la salida y 400 de la llegada. Inmediatamente recogida del dorsal en Porte Versalles con una enorme pero ágil cola. Comida de la pasta (flojita) y de regreso al hotel para descansar.

El día amaneció magnífico con 12 grados de temperatura y apuntando un sol radiante. Buen desayuno en el hotel con típicos croissant y camino bajo el Arco del Triunfo para la salida en los Campos Elíseos. La salida lógicamente organizada por colores (9 divisiones) y dentro de estas wc y postes para las aguas menores de los hombres (perfecto teniendo en cuenta la cantidad de corredores y con la antelación que se llega).

Comienza la carrera y unos 33.000 corredores toman la salida, más de 20 minutos pasando por las alfombrillas. Entre el primero y el último corredor más de 500 metros. Espectacular.

La carrera preciosa y perfectamente organizada. Pza. de la Concordia y la Bastilla, museo del Louvre, Notre Dame, Orsay, Pompidou, Torre Eiffel… terminando en la Avda. Foch, donde, majestuoso, se eleva el Arco del Triunfo. Muchísimo público animando y muchos gritando tu nombre (escrito en el dorsal); Go Fernando, Allez Fernando, Vamos Fernando… Participantes de todas las nacionalidades (16.000 extranjeros (por nº, ingleses, norteamericanos, italianos, belgas, españoles, irlandeses, brasileños, suizos...)). 109 países representados.

El único pero de la carrera fue la elevada temperatura de ese día que hizo que termináramos la carrera a 27/28 grados, 12/14 por encima de lo normal en esa época en París. Las ambulancias no paraban con los golpes de calor.

Por mi parte, corrí con un ritmo constante y la media la pasé en 1h29m30s siempre entre las dos banderolas de las 3 horas. Luego en los últimos Km. bajé ligeramente el ritmo por el calor y cansancio y terminé en 3h1m00s. Enorme satisfacción haber concluido sin incidencias mi 12ª maratón.

Los tres siguientes días los dedicamos a conocer y pasear por París. Inolvidable experiencia; pero esa es otra historia.



Fernando Arco, Trotanoches.

lunes, 4 de abril de 2011

XV ANIVERSARIO DE LOS TROTANOCHES-2-4-2011

 "Lo mejor de todo, es que somos amigos"



Desayuné esta mañana en el Fusión junto a unos trabajadores del Hospital de Guadix que hablaban de la permuta con otro compañero, de los puntos y del Hospital de El Ejido. En seguida se me fue la cabeza a Sofi y a Carlitos y a la por llegar Ainara que por aquellas tierras andan. Un poco más tarde recibí un email del Grupo de Transfusión Sanguínea de Granada que el lunes están en el teatro Mira de Amezcua y me acordé del generoso Paco Garzón (más de 50 donaciones de sangre), de Juan Antonio Hervás y de Baeza, anotándolo en la agenda para no faltar. Por cierto que tenía anotado este día en la agenda Cena Trotanoches, Japón y la Cruz Roja hacer algo, hablar con Paco.




Ya sentado en mi mesa y cambiando papeles de un sitio para otro me llaman para hablar de una pequeña alameda que tiene mi madre y que nos la quiere comprar uno de los cortadores de fiar; me vienen a la cabeza los riegos, los once años que lleva, la de veces que he visto a Trotanoches corriendo pasar por allí, a mi padre, ya ausente, desvelándose por esos arboles que con la mínima bocanada de aire se caen y además no valen ni la mitad de la mitad que hace años. Que casualidad los años que llevo en este Club, con una evolución parecida, lo que valía ya casi no vale; en fin es todo tan frágil, tan delicado como mis sufridos tobillos y mis neuronas.



Pero también como buenos españoles tenemos que celebrarlo, aquí se celebra todo el éxito y el fracaso, es una de nuestras mejores cualidades. Para Paco, optimista, son QUINCE años de continuos éxitos, para mí, pesimista, son QUINCE años de pura decadencia. De nuevo, en fin; aunque en lo que sí coincidimos plenamente es en que se debe celebrar y no hay nada mejor que regar cualquier acontecimiento con vino.

El que escribe no soltó la copa en toda la noche, blancos, rosados, tintos, otro rosado, otro blanco y aunque me cueste la sonrisa se instaló en mi rostro y no se fue del mismo en toda la noche. Semejante mezcla de colores y sabores en mi interior me convirtieron en una persona alegre y maravillada con la Asociación, con el deporte, con los socios, con los invitados y esa noche hasta con la vida me reconcilie.

Jorge estaba feliz de verme bailando, ¡Pepe bailando!, era la segunda vez que me veía en su vida y en unas semanas; la anterior fue con motivo de la presentación a unos empresarios canadienses de dos flamencos y una bailaora, a los que van a contratar para el verano en un hotel en Canadá. La guapa bailaora me sacó a bailar después de verme toda la noche sirviendo Ribera del Fardes de las bodegas de Pago de Almaraes entre los invitados. Al final no se presentaron los tres flamencos se presentaron 20 personas entre palmeros, cantaores, bailaoras y al principio me confundieron a mí con el del “parne. Al terminar, Jorge se sintió contento de verme a mí feliz y de lo bien que lo había hecho, según me dijo.


Aquí también fue el vino el que obró milagros; ya lo decía mi padre: “me gusta el vino porque me da fuerza y alegría para seguir” y mi profesor de literatura Don Rafael Hinojosa (otros dos optimistas!), que se inflaba en las tabernas de las cuevas de Guadix y evidentemente venía completamente inspirado a las clases: “el cristiano al que no le guste el vino, no es un buen cristiano, porque el vino es la sangre de Cristo”.
Pues lo que venía diciendo esos blancos, rosados y tintos los da la tierra, las sierras que los acogen, las manos que los trabajan; las personas que los cuidan y miman con todo cariño son Emilio Romero y su familia, de las Bodegas El Anchuron de Darro. A ellos hay que agradecerles momentos como el del sábado, yo en la medida que pude intenté repartir este elixir mágico entre las mesas incluso entre los que casi ya al final de la cena sólo había tomado Coca Cola, esa gran enemiga de la belleza y de la inspiración. Pedro Muro me escuchaba riendo cuando intentaba convencer a Molina para que lo probase, que merecía la pena beberse un trozo de tierra de Darro elaborado con tanto cariño.



El amor hacia el vino y hacia tantas cosas, muchas veces, es más una predisposición que otra cosa, con Franci Onieva y en general en la mesa hablamos del vino; unos decían que si el blanco otros que si el rosado, que si sulforosos, que mejor el tinto, que si el Mencal, el Vertijana, que si como el Medez Moya ninguno…, en fin, a Franci le dije que los bodegueros de la comarca a los que conocía me tenían conquistado y todo lo que he probado me encanta.

Predisposición que siempre tiene Paco con la Asociación desde que la creó y en la infinidad de actos que enmarcan su vida y pese a todos los avatares y críticas siempre está al frente proporcionándonos muy buenos momentos creo.

No se si esto es hablar de la cena o de los casi 150 invitados que dice Paco que hubo, el caso es que con cierto retraso empezó el baile, el vino nos lo bebimos todo, el jamón perfectamente cortado también cayó, Tricolor Show sacó a la gente a bailar y el desayuno del Hotel a los socios no residentes no les costó ni un duro como la cama que imagino cogerían con todo el gusto del mundo.














Y saben uds que es lo mejor de todo esto, pues lo mejor de todo esto es que somos amigos, muchos amigos. Secre.