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lunes, 29 de noviembre de 2010

EL DÍA QUE GANÉ A GEBRELASSIE


   Todo aquel que alguna vez haya querido emular la gesta de Filípides debe tener grabada en la suela de su zapatilla una palabra: respeto. Respeto por los 42.195 kms y respeto por los que han engrandecido tan mítica distancia. Por eso, ante todo, quiero demostrarlo por alguien que ha hecho de la maratón una disciplina con tintes épicos: se llama Haile Gebrselassie. Sí, El Jefe, el hombre que creció dando zancadas por la sabana africana hasta convertirse en el atleta más rápido del mundo. Neftenga, como le conocen sus paisanos. Y como le debemos llamar todos los que profesamos ese respeto casi místico a una divinidad como él. Pero al etíope de la eterna sonrisa se le apagó ese rostro de complacencia que tiene al correr. Casi como si no le costara trabajo... Pero en Nueva York sí que sufrió. Se humanizó y tuvo que retirarse.

    A diferencia de otros deportes más mediáticos, el atletismo (y más concretamente la maratón) te permite compartir el mismo asfalto y el mismo oxígeno que tus ídolos. Con un poco de suerte hasta les puedes ver en persona. No fue mi caso. La salida de la maratón por excelencia está más concurrida que El Corte Inglés el primer día de rebajas. De manera que estás lejos de los elite. Eso sí, en cada segundo, cada metro que recorres, tienes la dulce sensación de haber pisado por el mismo lugar por el que minutos antes lo han hecho estrellas como Gebrselassie. Fue mi caso y lo que me motivó los primeros kilómetros de la Maratón de NY. El pensar que por allí acababa de pasar El Jefe.

    Mi objetivo era mucho más modesto que el de Gebrselassie, pero igual de respetable. Como el de cada uno que se calza unas zapatillas para cubrir la mítica distancia. Sean 2h30, 3h o 5... Cada uno tiene su propia meta, sus propios intereses, sus propios obstáculos. Pero a todos nos une el mismo sueño: cruzar la meta. El etíope no lo pudo hacer en su estreno por las calles de Manhattan. Lo pasó muy mal, por culpa de unos problemas de rodilla. Yo también sufrí. Hice muy buenos primeros 25 kilómetros , pero después pinché al no recuperarme bien de un esguince de tobillo que sufrí durante la preparación. Tuve que parar varias veces a estirar y sacar energías de lo más profundo de mi ser. Fuerza de voluntad, coraje, casta... Y, sobre todo, una capacidad de sufrimiento infinita que el ser humano ignora tener. Conforme el cronómetro iba devorando minutos mi objetivo se iba desvaneciendo. Ya no podría lograr la marca que deseaba, pero estaba en juego el orgullo de superar la adversidad a pesar del dolor. Cada vez quedaban menos kilómetros, Central Park estaba más cerca. Vamos! El espíritu de Gebrselassie, un hombre que empezó a correr de niño para ir al colegio, fue el que me guió en la parte final del recorrido.

    Entré en la meta cojeando y diez minutos por encima del tiempo que quería hacer...

    Cuando llegué exhausto al hotel conocí la noticia de la retirada de Gebrselassie. Él no había acabado su primera Maratón de Nueva York. Yo lo he conseguido en tres ocasiones. En ese momento estaba buscando explicaciones a mis malas sensaciones, qué había hecho mal. Tratando de encontrar motivos suficientes para volver a ponerme unas zapatillas, el Jefe me los dio. Él también había fallado. Pero el éxito o el fracaso no está en la consecución de tu objetivo, sino en haber puesto todos los medios necesarios para alcanzarlo. Yo lo hice. Pero esto es deporte, y a veces dos más dos no son cuatro. Ahí recibí la motivación necesaria para volver a pensar en la siguiente maratón: mejorar la preparación, corregir los fallos y buscar nuevamente mi reto. Porque, como dice el proverbio chino...

    Si me caigo siete veces, me levantaré ocho...

         Rafa Vega

 

3 comentarios:

Pepe dijo...

Felicidades Filipides.

Enrique dijo...

Enhorabuena Rafa, que envidia poder correr en NY
Bueno, por aquí nos conformaremos con correr el lunes la Maratón de Malaga
Saludos.

Guillermo dijo...

Enhorabuena crack.
Yo también traté de ganar al Gebre en los 10Km de Madrid, pero...
Bueno sin comentarios, al menos me saludó en la salida.

Me encantó tu artículo, ojalá pueda correr yo un día por NY.

Salu2-Guillermo