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sábado, 29 de mayo de 2010

ANDANZAS Y CORRERÍAS DE UN TROTANOCHES PEREGRINO


La verdad es que no se como voy a empezar, pero una vez que lo haga no se como voy a terminar.

Esta comienza en el mismo momento en que el Capitán empieza a contagiar, ilusionar a uno y a otro para embarcarnos en una aventura, en una misión desconocida y casi imposible, ya que al ser la 1ª Edición de esto 101 peregrinos  pues íbamos completamente sin referencia alguna, salvo por lo que habíamos leído en la página web. Pero la realidad supera con creces a la imaginación que cada uno se había hecho de la prueba en sus adentros.

Llegó el día y la hora de marchar; Guadix, 7 de mayo, hora 05:45 horas de la mañana, lugar. Placeta Palacio Villalegre, destino Ponferrada. En un coche Angel, Jesús, Reyes y yo. En otro Ramón, Toñi, Antonio y Silvia. Por otro lado, y ya allí en Ponferrada, Paco, Cristina, Franci y May.

Nos esperan por delante mas de 800 km. De coche, toda una odisea. Ramón siempre por delante y nosotros siguiendo su ritmo; ritmo tranquilo y sin apenas pausa, salvo a tomarnos un café con unas tostadas a mitad de camino y para hacer un pis y algún cambio al volante, por el que todos pasamos.
Km. a Km. llegamos por fin a nuestro destino: Cuartel General Bierzo Plaza. Hacía ocho años que pasé por aquí haciendo el Camino de Santiago Francés y ahora volvía para hacer el Camino de Santiago de Invierno.

Sin respiro volvemos otra vez al coche para hacer unos pocos Km. mas, esta vez para la degustación gastronómica del día guiados por el anfitrión local Dani “una crack”. Platos típicos del Bierzo, y unos buenísimos caldos acompañaron la comida. Había hambre, así que empezamos a devorar.

De nuevo al coche. Nos vamos a recoger dorsales y bolsa de corredor. Casi dos horas de espera y una vez recogido todo nos vamos para el Cuartel General. Se había hecho una reserva por la noche en una pizzería había en la Plaza del Ayuntamiento y casi con el Botillo todavía sin digerir nos pedimos unas pizzas y unos espaguetis.

Unas fotillos en la Plaza, en la recepción del Hotel y nos vamos retirando a nuestros aposentos. Casi sin darme cuenta a las 11 de la noche ya estaba profundamente dormido y soñando con el día que se avecinaba. Todo eran dudas ¿lloverá? ¿cómo estará el terreno? ¿desniveles? ¿qué echamos en la mochila?. Internet daba un 100% de probabilidades de lluvia durante todo el día.

A las 7.30 de la mañana ya estoy despierto al igual que mi Capitán, con el que compartí habitación, todo un lujo. Yo con el Capitán.

Somos los primeros en desayunar. A mi no me entra nada, solo un Colacao; estoy todavía empachado del día anterior, y a las 9.00 horas ya estamos en la Plaza casi todos para salir en dirección y andando para el complejo deportivo donde estaba ubicada la salida y la llegada.

Fotos, ánimos, ilusión, tranquilidad, consejos, concentración; todos nos apoyábamos. Y por fin la hora: 11 horas Salida: empezamos a caminar por las calles del pueblo y ya desde el primer momento me coloco en la retaguardia del pelotón con el coche de la policía local a mi paso y mirándome de vez en cuando como diciendo ¿a ver si aceleras un poquito el paso macho?. También desde el principio encuentro a un chico de Madrid que iba a mi paso. Fernando que así se llamaba era un chico extraño, callado y reservado aunque con el paso de los km. se abrió un poco, pero muy poco, después de 40 km. juntos.

No se veía a nadie delante de nosotros una vez pasamos el Castillo Templario a la salida de Ponferrada, pero sabía que esto era largo y que ya encontraría a gente mas adelante. Como a la hora y media ó así, ya he alcanzado a Paco, Cristina, May y Toñi, y ya unificamos el grupo, hasta que Cristina alcanzó su meta. Paco y May deciden avanzar algo más rápido y deciden correr algunos tramos. Nos quedamos por tanto, Toñi, Fernando y yo. Pasaban los km. y nos deleitábamos con el maravilloso espectáculo paisajístico.  Si  esta carrera se hace un mes después nos hubiéramos puesto las botas de cerezas que aquí son muy buenas y apreciadas.

Empieza a ponerse brava la cosa, ya los repechos son considerable. Por delante Paco nos avisa de lo que nos íbamos a encontrar. Empezó a llover pasadas unas 4 horas, pero jamás imaginamos que se fuera a poner tan mal y que ya no nos abandonaría hasta el final del camino.

Llegamos a un punto de avituallamiento en el que se suponía había barritas, pero como en muchos sitio siempre se encuentra uno algún pringao que otro pues nos tocó a nosotros. Nos quiso hacer la pirula diciendo que ahí no había barritas, pero yo me había dado cuenta de unas que había debajo de una caja y en un tono algo mas serio le digo que las que hay debajo de esa caja para quién son; sin rechistar me miró algo avergonzado y nos dio una barrita a cada uno.

Proseguimos y nos dicen que en el próximo avituallamiento hay bocadillos, km. 30, así que animados continuamos y llegamos al punto; pero bocadillos, lo que se dice bocadillos no había, no quedaban. Me mosqueo un poco, que pasa que los últimos no comemos, no me lo podía creer, teníamos hambre y movido un poco por el espíritu peregrino y la necesidad toque a una puerta en la que había una familia en una casa preciosa y les comenté que si podía darnos algo, que no teníamos nada que comer, que si podían darnos un pedazo de pan o lo que fuese; y vaya si se lo tomaron literalmente lo del pedazo de pan, porque eso fue lo que nos dieron para los tres, ah! y cuatro galletas tipo maría, que se me olvidaba.

A mi me sorprendió bastante porque para los tres era poco pero no voy a juzgar la caridad y buena voluntad de esas personas. Quitando estos dos últimos avituallamientos, no me quejo de nada de la organización porque encontré mas cosas positivas que negativas. Esto es una prueba de ultrafondo, de resistencia, de supervivencia, y encontré a tanta buena gente mas adelante que se me olvidó rápidamente lo negativo; pero se puede mejorar.

Toñi tampoco daba crédito, también le sorprendió. Nos escondimos de la lluvia para saborear el preciado regalo venido del cielo y salimos de allí con fuerzas renovadas. Por cierto el pan estaba exquisito y no era porque tuviera mucha hambre, que la tenía.

Empezamos a subir un pequeño repecho hasta llegar a lo alto de una colina de alfombra verde, cuando entre la niebla aparece la silueta de una fortaleza; era el Castillo Templario de Cornatel. Aparecía fantasmagórico, imponente, allí en lo alto de un picacho. Albergó templarios durante mas de un siglo defendiendo a los peregrinos del los asaltantes y brindando protección a quién se acercaba a él. Seguimos caminando en espera de lo que venía mas adelante.   

Estaba por venir uno de los peores tramos del camino, una senda con vegetación cerrada y espesa a la que mas tarde bautizamos con la ruta del chocolate. Fue un tramo impracticable, agotador, lleno de lodo imposible de evitar. Metidos en el barro hasta los tobillos, imposible evitarlo, era un río pastoso. Ya daba igual, estábamos perdidos, ¿cómo íbamos a seguir así? Me quedaban 70 y tantos y no tenía zapatillas de repuesto, iba a hacer mucho frío en la noche y los pies no lo iba a poder secar seguro. Me dio un bajón porque iba tan bien, llevaba los pies tan bien, que me jodía la posibilidad de abandonar; entonces me vino como un flash a la mente en el que imaginé como lo habrían tenido que pasar eso peregrinos en el siglo XII y XIII por estos caminos en invierno, sin la equipación que llevaba yo, sin el calzado que llevaba yo aunque estuviera mojado y me dije ¡Juani, no te quejes, esto es el camino, tira palante! Y eso fue lo que hicimos, tirar palante. De vez en cuando teníamos algún que otro tramillo por carretera, pero duraba muy poco.

Llegamos a otro punto de avituallamiento, sería cerca del 38, y como éramos los últimos y no me fiaba de lo que mas adelante encontraría pues me hice de una reserva de bocadillos que guardé en una bolsa transparente de plástico. No me dijeron nada por llevar reservas, también allí comimos. Los bocadillos me acompañaron muchísimos km, llevaba la bolsa en la mano porque la mía iba llena y ya pesaba. Se convirtió en parte de mí, pero llegó un momento en el que ya me molestaba y pensaba ¿por qué coño tengo que ir tan agobiado con lo que ya llevo encina de por sí? Y empezaba a rayarme un poco, ¿qué hago con los bocatas? Pero así pasaban los km.

Fernando el madrileño en el km 40 decide abandonar, iba jodidísimo aunque no lo expresara ya que era parco en palabras. Se despide de nosotros y se monta en el tractor que venía detrás de nosotros recogiendo todo lo que el camino dejaba.

Proseguimos Toñi y yo solos hasta la subida al mirador de Orellana, desde donde divisábamos las Médulas, Patrimonio de la Humanidad, pero la niebla no nos dejó ver nada, lástima, en otra ocasión será.

Allí podía comenzar para mí otro camino, Toñi ya había cumplido pero estaba plena, entera. Me quito el sombrero con esta pereguina, eres grande TOÑI, me encantó compartir contigo casi la mitad de este camino.

Nos despedimos en medio de la niebla en lo alto del mirador y me dejó una herencia que mas tarde fue de una gran ayuda para mi. Fue su bastón, me hizo mas pereguino si cabe. Ya podía defenderme de asaltantes y alimañas que encontrara en el camino y me ayudaría a subir aquellas imponentes montañas.

Se echaba la noche encima en menos de una hora, aligero un poco el paso para salir de un inhóspito paraje en dirección a Yeres, km. 51, cuando de repente pensando que ya no encontraría a nadie cerca, diviso una silueta entre la niebla y como a unos 400 m. por delante. Pareciera que este camino no me iba a abandonar del todo a mi suerte.

Llevaba los pies calados, pero los sentía fantásticos, de vez en cuando encogía los dedos hacia dentro de las zapatillas y no los sentía fríos, estaban incluso templados, calentitos, no se, extraño.

Me costó llegar a la persona que iba delante, no pareciera que iba lento y tuve que acelerar, no me apetecía ir solo, era mejor ir acompañado, podía suceder cualquier cosa por aquellas montañas solitarias.

Llegué por fin a la altura de Chema, un señor de unos 60 años, fuerte como un roble, un lobo solitario curtido en cientos de batallas. Me gustó su compañía y compartimos mucho durante mas de cuatro horas. Más adelante encontramos a otros dos chicos que uno de ellos iba muy mal y durante algunos km. caminamos juntos. Por fin llegamos a Yeres a las 22.00 horas, ecuador del camino. Sigue lloviendo sin parar. Punto de control y algo de comida. Se marchan las dos chicas delante y me quedo a esperar a Chema porque se le había atragantado la subida al pueblo. Descansamos 10 minutos de pie y me insiste en que yo tire. Le digo que no importa, que no hay prisa. Me lo agradece y salimos de nuevo juntos.

Saliendo de Yeres viene otra subidita corta que se le vuelve atragantar; tiene que tumbarse boca arriba, allí en el suelo embarrado y lloviendo. Se sigue empeñando en que tire y le vuelvo a decir que así no lo voy a dejar; está mareado y con nauseas pero insiste ¡tira que te retraso!, me cayo pero sigo allí, a mi tampoco me viene tan mal parar en las subidas, llevo la rodilla derecha con una ligera molestia, nada aparente, sobrecarga supongo.

La capacidad de recuperación de este hombre no era normal, solo iba mal subiendo, porque llaneando y bajando apretaba de lo lindo. Me confiesa que ha sufrido varios infartos y que lleva parches de opio para el dolor, que se los dan en la unidad del dolor en Madrid. Tiene tres fracturas del tobillo derecho, diabético, hipertenso, etc. Venía de hacer hace poco otra marcha y en unas semanas va a por los 100 de Madrid. ¿Alguien da mas? Una máquina.

Seguimos charlando mientras avanzamos, se hace amena la marcha ya que me cuenta alguna batallita que otra, y a quién no le gusta escuchar a la voz de la experiencia.

Llegamos al km. 62 donde hay un pabellón cubierto, un poco como el Cuartel General del camino; fisios, podólogos, enfermeros, etc. colchonetas para descansar. Chema me dice que lo deja, que va mal, su mujer viene a recogerlo. Me temo lo peor, quedarme solo, creo que abandono. Los dos chicos que iban delante están ahí curándose las ampollas y parece que siguen, van a ver; descansarán hasta la 1 y luego valorarán.

Me quito un poco de ropa de encima y estiro algo en una colchoneta en el suelo. Gente de la organización tiene ganas de que abandone, no me lo ponen fácil, me quieren prevenir de lo que se avecina. Tengo mis dudas, aunque estoy tan pleno… ven que no, que no me convencen. Se acerca una chica y me da cuatro mecheros y un rollo de papel higiénico, y me dice: guárdate esto, nunca se sabe si lo vas a necesitar. Le doy las gracias y voy en busca de los chicos, cuando les comento que si van a salir  y me dicen que abandonan.

El destino seguía protegiéndome. Dos chica parece que se disponen a salir, pero antes la mujer de Chema que había llegado me llama para darme las gracias y por haber esperado a su marido. Me despido y me uno ahora a Nuria y a Pepa, cual de las dos mas cañera.

Nuria, un portento físico, maratoniana y dedicada a la Educación Física, y Pepa hace montaña y marcha a buen ritmo.

Empieza otro de los tramos del camino con mayor dificultad: viene una subidita de dos km., un descanso de otros dos y el gran trecho de cinco km. interminables. La verdad es que el parón no me ha venido muy bien, me he enfriado y no entro en calor hasta que no volvemos a subir. Aquí fue donde el bastón de Toñi hizo de mi tercera pierna y cuanto se lo agradecí.

Suena mi movil sobre las dos y pico de la madrugada. Es el Presi interesándose por como y por donde voy. Le digo que voy por el 66 ó así, y acompañado de dos chicas, una de Teruel y otra de Guadalajara. Y como cabía esperar ya habían caminado con él también y las conocía, los Trotanoches ya eran conocidos por el camino. Le pregunto por los demás. Delante de mi, como a nueve km. El Teniente Reyes y el Capitán Viciana, intento comunicar con ellos para ver como está el terreno pero  ya no hay cobertura. Debía ir regular, pensaba yo, porque solo estaban a dos horillas de mí. Ramón y Franci ya habían llegado. A Angel le faltaba poco y Antonio y Silvia también iban en camino, así que me alegré de ver que todos parecían fuertes para llegar, y así fue.

Entre tanto nosotros, seguíamos y seguíamos ascendiendo. Se hizo pesadita la condenada cuesta pero al terminar llevaríamos 72 y lo peor ya habría pasado.

Charlábamos para olvidar algunas molestias musculares. Hablamos de los procesos internos de crecimiento, filosofamos de la vida. La marcha se hacía amena y cuando en algún momento nos callábamos, saltaba Pepa que andaba algo mareadilla y decía que no dejásemos de hablar.

Les mando un fuerte beso a las dos que seguro leerán esto, nueve horas caminando juntos dan para mucho ¿verdad chicas? Si no aparecéis vosotras, seguro que hubiera abandonado;  pero el camino quería que yo siguiera por alguna extraña razón, y ya sabéis chicas  que las casualidades no son algo en lo que yo crea.

Pasaban los km. y empezaba a clarear, aunque sin dejar de llover. Llegamos a Santalla, 88 de camino, nos quedan 13. Nos dan un vaso de sopa ¡que rica!, calentita y con unos fideillos, reconstituyente y seguimos ya a por el tramo final.

Pepa va tocada, vamos adelantando a gente que ya solo le mueve el orgullo propio, otra gente dando tumbos de un lado a otro y Pepa no encuentra el motivo, no sabe si recompensa, si vale la pena.

Animamos a todos los que vamos pasando. Nuria se empeña en preguntar cuanto queda a un policía local y al esperarse menos le jode un poco, ya no preguntes más, le digo yo.

Se acerca un vehículo hacía nosotros animándonos, es CHEMA y su mujer dándonos el último aliento ¡que tío! Recibo también una llamada de teléfono. Es Manuel Mária, un cientounero que el año pasado compartió conmigo los últimos 50 km de Ronda, y con el que mantengo desde entonces una bonita amistad.

Mi moral sube por las nubes, como el incienso hacia el cielo, cuando de repente me viene al interior una emoción indescriptible, me quedan 7 y ya lo he conseguido. Nuria va delante, Pepa detrán y yo en medio pero con distancia.

Me emociono de alegría por todo lo que había vivido que era tanto… y empiezo a recodar a gente pero en especial a alguien que me hubiera gustado que estuviese aquí que es mi cuñado Jose, él ha sido mi personal trainer y hubiese disfrutado de la belleza de estas tierras; tú también eres un peregrino en espíritu, el año que viene hacemos una juntos, así que no lo dejes, seguiremos recorriendo esos cerros de nuestro querido Guadix.

También me acordaba claro está de mis dos amores, de mis dos fans mas incondicionales, a los que hago sufrir también, a los que mas disfrutan conmigo, mis Angus y mi Juan de Dios.

También recordaba a toda la expedición de Trotanoches con los que compartía batalla. Fuimos un equipo y de ahí el éxito, todos a una. Ha sido maravilloso compartir con vosotros el Camino de Santiago de Invierno, no sabría destacar a unos mas que a otros, todos habeis aportado tanto…Hemos hecho 970 km. a pie uniendo nuestros caminos, casi ná.

Por fin la entrada a Ponferrada, a 3 km. por el río y por un parque nos iban a llevar al final. Nuria no puede parar y Pepa avanza lenta, me quedo con esta última para darle el último empujón.

Entramos ya sin emoción y allí en la línea de meta nos fichan y nos dan el papelito para recoger los regalos.

Entramos en el pabellón, recogida de regalos y al suelo, fuera zapatillas, calcetines, los pies reblandecidos pero perfectos, ni una ampolla, ¡que gusto!. Seguidamente unas posturas de yoga para relajar y me llama de nuevo Paco, le digo que ya estoy y que en breve voy para allá.

Llamamos dos taxis, uno para las chicas y otro para mí y nos despedimos. Me bajo del taxi en la plaza, abro la puerta del hotel y aparecen mi cuñado Franci y May, y Ramón y Toñi, me fundo en un emotivo abrazo con cada uno de ellos. ¡Batalla ganada!. Me encuentro perfecto.

Voy para la habitación y encuentro al Capitán algo abatido pero satisfecho. Lleno la bañera de agua mas que caliente y entro en ella para deleitarme en un orgasmo sensorial de todos mis sentidos y voy rememorando a cámara lenta mi camino.

Caminar hace ver las cosas y la vida mas despacio, sin prisas, sin agobios, sin velocidad, viviendo cada paso como si fuera lo único que existe, viviendo el presente.

Un fuerte abrazo de este peregrino,  Juani.


1 comentario:

Jesús Viciana dijo...

Enhorabuena, campeón.
Realmente, hay quien en una vida entera no es capaz de captar y de disfrutar tantas sensaciones como has conseguido tu descubrir y asimilar en tan solo unas pocas horas de aventura.
Vuelves con tu mochila a rebosar de vivencias y emociones, has sido testigo directo de la capacidad del ser humano y de su inevitable vínculo con la naturaleza.
Tú realmente has conseguido comprender en qué consiste realmente una prueba de este tipo, que en absoluto tiene nada que ver con marcas ni clasificaciones en la general.
Disfrutalo con los tuyos y hazlos participes de todo lo que has aprendido.
Un abrazo de tu amigo.
Jesús Viciana.