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miércoles, 28 de abril de 2010

MARATÓN POPULAR DE MADRID, 25 MAYO 2010

Son las 09.00 de la mañana de un sábado que debería haber aprovechado para recuperar el sueño perdido durante la semana y, sin embargo, nos encontramos en la Estación de Tren de Córdoba, listos para salir en AVE hacia Madrid. Casi recién arribados, Paco Garzón se interesa por nuestra situación y tras un cómodo viaje de menos de dos horas, llegamos a la capital del reino.

Ya en el hotel, y comprobada la amabilidad del personal de recepción del mismo (para el año que viene mejor buscamos otro), tenemos ocasión de encontrarnos con la ‘troupe’ granadida de los Trotanoches y acompañantes allí presentes y partimos hacia el Recinto Ferial de la Casa de Campo con la experiencia ya acumulada del año pasado, para no cagarla y así no plantarnos en el IFEMA.

Allí recogemos dorsal, bolsa del corredor y nos hacemos alguna fotillo a la par que visitamos la Feria del Corredor, donde tuve la ocasión de reconocer a dos buques insignias del atletismo español como son Fabián Roncero y Luis Miguel Martín Berlanas (la tele engorda y vaya que si engorda). Coincidimos a la salida con otro Trotanoches, José Antonio, el cual ya pude conocer en la Media Maratón de Málaga.

De la Feria del Corredor a hacer un poco turismo gastronómico, o dicho de castellano antiguo, nos fuimos a comer a la Gran Vía. Una de las anécdotas de la comida estuvo relacionada con una de la camareras que creo yo que tendría alguna frustración con la fotografía porque al pedirle que nos hiciese una foto, la muchacha empezó con una, y luego otra, y otra, y otra ... y no había forma de que parase de lanzar fotos y nos devolviese la cámara.

Todo esto así muy resumido, cansa. No sólo al que lo lee, sino al que lo vive, de tal modo que este vaivén hizo que sobre las 18.00 estuviese hecho piscos. Así que ‘siesta’, o por lo menos tumbadito en la cama hasta la cena. De este modo, como manda la tradición acudimos a un restaurante italiano para cenar y dado que el atracón del día previo de la Media de Málaga me hizo vomitar, en esta ocasión me lo tomé con más calma y dejé que los más avezados comieran por ellos y por mí. A todo esto, Antoñito tal Gaspar Roseti, nos mantenía informados del resultado del Zaragoza - Madrid, mostrando preocupación porque no había forma de romper el empate a uno. Finalmente llego el gol de Kaká, Antoñito cambió el rostro y lo que era una comida amigable para todos también lo fue para él.

Bueno, hasta aquí no he citado nada de lo puramente deportivo. Este rollo previo, la verdad que también es unos de los acicates que nos hace ir de un lado a otro de la geografía, de momento española, para finalmente pegarnos un palizón, calentón o incluso lesionarnos.

Eran las 08.00 de la mañana del domingo, estábamos en la puerta del hotel, listos para ir hacia la SALIDA. De camino para allá nos cruzamos con varios jienenses con los que charlamos un poco. De nuevo más bromas y fotos.

La salida este año fue algo más lenta ya que la mitad de la anchura de la vía se dejó para los participantes en la prueba de los 10 km. Aún estando más cerca que el año pasado, tardamos casi un minuto más en salir. De todos modos, ni un pero a la organización. Posibles calificativos serían espectacular, impresionante, magnífica, espléndida,…

Los primeros kilómetros los hacemos esquivando gente y tratando de abrirnos paso. Llevamos tanto Pablo como yo unas sensaciones malísimas, y caemos en la cuenta que con unas cosas y otras no hemos calentado. Bueno, pues ¡qué se le va a hacer! Ya el año que viene, si eso ...

Los primeros 10 km que son en su mayor parte de subida, los hacemos en torno a 48 minutos con público pero no tanto como en los 10 siguientes. El punto más cálido que recuerdo fue el de las Torres Kio. Las sensaciones en la segunda decena de kilómetros son mejores, transitando además por la parte más animante de la prueba. La piel, como el año pasado, de gallina. No deja de emocionarte como gente que no te conoce de nada anima a rabiar en general, a todo el público, e incluso determinados casos en los que se fijan en ti y como, si la vida les fuese en eso, se quedan afónicos en su afán por hacerte importante y levantarte la moral. Es la leche.

Entre risas, resoplidos por el esfuerzo y vasos de bebida isotónica nos plantamos en la Media Maratón con un tiempo de 1h39min. De momento la cosa va sobre ruedas, no vamos muy fatigados del todo y los tiempos son buenos. Por si acaso, las risas las hemos hecho al principio por si luego la cosa se pone fea.

Pasado ya el km 21., parece que me quedo sin una referencia clara y objetivo a corto plazo. Entra a jugar el plano psicológico, ya que afrontamos si se puede decir así la fase más fea de la carrera que nos conducirá hasta la Casa de Campo. De ahí al km. 28 lucho por no venirme abajo, pero es al entrar en la Casa de Campo cuando lo psicológico empieza a trasladarse a lo físico y sufro una pajarilla. Así, ya somos cinco el grupo: Pablo y el que os escribe, junto al tío del mazo, el tío la vara, el hombre del saco,…

En esos momentos, veo la razón que tenía el Presi, cuando el día de antes comentaba que si salíamos a ritmo para terminar en 3h15min, íbamos a pinchar y terminaríamos en 3h40' y si lo hacíamos con la liebre de las 3h30min, terminaríamos sobre 3h20'. Teniendo en cuenta que este año a nivel de Media Maratón Maratón he evolucionado bastante y que de momento maratones hago una al año, decidí que había que arriesgar y se puede decir que la cagué. De todos modos, no me arrepiento. De los errores se aprende. Al mismo tiempo, hecho en falta un gel energético que por la mañana rechace a Paco y que según comentó Francis Onieva, a él le vino de perlas cuando sufrió el primer bajón. Ya para la próxima, no falta seguro.

Lo peor de todo no fue la pájara que me acompañaría en mayor o menor grado hasta el final de la carrera, sino que los problemas musculares fueron a la postre determinantes para perder casi todo lo ganado en los 30 primeros kilómetros. Ya el año pasado, fui más o menos con las mismas sensaciones de que en cualquier momento se me podían subir los gemelos, con la única salvedad de que este año desde el km 31 hasta el final, cada 500 metros aproximadamente y después de un par de avisos, ¡ZAS! se me subía el gemelo de la pierna izquierda.

Bueno, había que acabar como fuese. Las sensaciones de cansancio y agarrotamiento eran agudas, las visitas a los voluntarios de carrera constantes para aliviar el gemelo y la dureza final del trazado hicieron que se me olvidasen marcas, objetivos,... La única misión era llegar. Pablo a todo esto, algo mejor que yo, no se separó ningún instante y tal y como me comentaba -sufriendo bastante- no se atrevía a incrementar el ritmo porque suponía que lo que me estaba pasando a mí, en breve podría llegar a ocurrirle a él. Sin duda, su presencia fundamental, para obligarme a continuar.

Haciendo cuentas en el km 35, me quedaban 7 km a una media de 5min/km. Es decir, 35 minutos para acabar. En el 36 volví a sacar la calculadora. Me quedaban 6 km a una media de 6 min/km, 36 minutos para acabar. En el 37, igual: 5 km a una media de 7 min/km, 35 minutos. ¡Qué pasaba! Siempre me quedaban 35 minutos, ¡esto no se acaba nunca!

Ya a la altura de Atocha, reventado en todos los aspectos me animó la banda de música tocando pasodobles y de nuevo el gentío tremendo animando. Hay que poner buena cara hasta el final, por lo menos lo pensé. El gemelo, seguía haciendo de las suyas. Cada dos por tres a pararse y estirar. En la cuesta de la calle Alfonso XIII, nos unimos a José Antonio, que también parecía ir tocado. ¡Vaya, no soy/somos el/los único/s! Aquello parecía el Camino de Santiago. Casi todo el mundo andando. De ahí al final, la técnica de carrera fue un poco particular ya que iba apoyando el talón y levantando los dedos del pie izquierdo para evitar que el gemelo se subiera.

Entrando al Retiro y con el gemelo a la altura del omoplato, ya no había ocasión para pararse. El detalle fue que Pablo me empujó justo en la línea de Meta para que pasase delante de él y acto seguido me felicitó porque le había ganado. Encima con guasa.
Creo que estaba buscando excusa ante el derroche de energía y vitalidad que manifestaba en la última recta. Vio claro que no tenía opciones en el sprint. Por si alguno, no se ha dado cuenta todavía, estoy de coña.


Bueno, pues ya estaba acabado el Maratón. 3h36 (3h34min en neto), después de todo había bajado 7 minutos el tiempo del año pasado. No era lo que esperaba, pero siempre me quedo con lo mejor, lo malo prefiero olvidarlo. Exhausto, agotado, extenuado, debilitado, postrado, desfallecido, consumido, fatigado, acabado, rendido,... son algunos calificativos para indicar como me encontraba. Eran las 12:36 y tenía claro que le año siguiente no volvía a Madrid. Sólo tenía fuerzas para llevar colgada la medalla al cuello, el resto de bártulos, los cargaba Pablo.

Justo al llegar nos hicieron una fotografía revista para la revista PlanetRunning, así que ya sabéis, en el próximo número debemos salir. Ya pondremos fecha y hora para firmar autógrafos ¡JEJEJE!

A las 13:15 horas, cambio de parecer. No sé que tendrá el maratón de Madrid, que ya estaba yo planificando la estrategia para el año que viene. Un poquito sonado reconozco que estoy.

Por último, agradecer el fin de semana pasado a todos vosotros y mi reconocimiento en especial a Manolo Tapia por haber FINALIZADO MUY MERITORIAMENTE su "primer Maratón" y también a Paco, por su comportamiento con todos y en especial con Manolo. Loable.

Saludos

Tony

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bravo Tony, seguro que ya conces mejor tu cuerpo para la proxima seguro que mejoras, a mi tambien me visito el "tio del mazo" y algun toque me dio, pero siempre me acuerdo de los consejos deel Presi, una maraton no es el doble de una media-maraton, es otra carrera. Nos vemos en Cordoba, por su puesto corriendo.
Francis